BUSCABAN COMIDA EN CONTENEDORES DE BASURA, Y FUERON CONDENADAS

Una noche de junio de 2018, frente a un supermercado en el municipio bávaro de Olching, cerca de Múnich, Caro y Franzi buscaban en los contenedores de basura alimentos en buen estado.

De pronto se presentaron dos policías que las obligaron a sacar las frutas, verduras y yogures que tenían en la mochila y regresarlas al bote.

Luego de dos sentencias impuestas en juzgados locales, el caso llegó al Tribunal Constitucional Federal Alemán: las dos estudiantes bávaras, de 28 y 26 años respectivamente, presentaron a principios de este mes una demanda ante el órgano con sede en Karlsruhe.

Aquel 4 de junio de 2018 tuvo consecuencias desagradables para las jóvenes. Tras una denuncia presentada por el supermercado, la Fiscalía comenzó a investigar “por un delito particularmente grave de robo”.

En enero de 2019, un tribunal local reconoció “el hecho de que los bienes robados no tenían ningún valor para el propietario”. Sin embargo, ambas fueron declaradas culpables y sancionadas con una multa de 247 dólares, a pagar sólo si cometen delitos penales dentro del periodo de prueba de dos años. Además, el tribunal impuso a cada una ocho horas de trabajo social.

A principios de octubre, esta decisión fue confirmada por el Tribunal Supremo Regional de Baviera. “El hecho de que los alimentos hayan sido arrojados a un contenedor de basura para su eliminación no significa que el propietario no se preocupe por su destino”, indica la resolución judicial.

Además, explica que el contenedor se encontraba en las instalaciones del supermercado y estaba cerrado, listo para ser recogido por la empresa de desechos contratada por el supermercado.

“No hemos dañado a nadie. Cuando vemos en los contenedores de residuos restos de comida que en realidad aún se pueden consumir, nos parece una lástima y un gran desperdicio de recursos”, afirman las acusadas.

Argumentan que la dirección del supermercado ya no estaba interesada en la mercancía desechada. “Es obvio que ya nadie la va a comprar y que se terminará pudriendo en el contenedor”.

Las estudiantes difundieron su caso en internet e informan cada avancen en un blog creado para ese fin. Además, lanzaron una petición para obligar a los supermercados, como en Francia, a distribuir alimentos que todavía se pueden consumir a instituciones sociales. La petición ha sido firmada por 150 mil personas.

Según cálculos de la Universidad de Stuttgart, en Alemania se desechan casi 13 millones de toneladas de alimentos al año. La organización ambientalista WWF estima que se trata de más de 18 millones de toneladas.

En la Conferencia de Ministros de Justicia de los estados federados, celebrada en junio en la ciudad hanseática de Lübeck, el senador de Justicia de Hamburgo, Till Steffen, del partido Los Verdes, presentó una iniciativa para legalizar la búsqueda de residuos aprovechables en contenedores. Ésta fracasó debido a la oposición de los estados federados gobernados por los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana.

Una pancarta que dice “Comer de contenedores no es un delito” es mostrada en una protesta ante el Tribunal Constitucional Federal de Alemania. 

“Mientras no haya leyes claras, tendremos que basarnos en una interpretación de la legislación”, señala Max Malkus, abogado defensor de Franzi.

Caro y Franzi reciben apoyo de la Sociedad de Defensa de las Libertades Individuales (GFF, por sus siglas en alemán), que tiene el objetivo de demandar ante los tribunales a favor de los derechos humanos.

“La cuestión es establecer el límite constitucional del derecho penal”, dice Sarah Lincoln, asesora legal de GFF.

Lincoln recuerda que el Tribunal Constitucional de Karlsruhe ha dejado claro que el derecho penal debe ser el último recurso. Debe limitarse a los comportamientos que “más allá de toda prohibición, sean especialmente nocivos para la sociedad e insostenibles para una convivencia ordenada”.

“En este caso, el derecho penal se está utilizando para proteger algo en lo que nadie tiene interés”, explica. “Lo particularmente dañino es la eliminación de alimentos, no su reciclaje”.

El día de presentación de la demanda se reunieron frente al Tribunal Constitucional alrededor de 100 personas exhibiendo, bajo una lluvia torrencial, pancartas con los lemas “Absolución para los que recuperan alimentos” y “Hurgar en la basura no es delito”.

Caro y Franzi se dirigieron a los manifestantes enfatizando que el verdadero delito de robo consiste en atentar contra los medios de subsistencia de las generaciones futuras.

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