LLEVA J BALVIN REGGAETON A FORTNITE

 Un grupo de avatares baila en tarimas a la espera de que en la pantalla gigante que tienen delante, suspendida sobre el agua, emerja de una calabaza el cantante de reggaetón J Balvin.

Es Halloween y millones de usuarios del videojuego Fortnite, encerrados en sus casas, se preparan para un concierto en esta plataforma que se ha convertido en una alternativa para la música en tiempos de pandemia.

J Balvin pudo evitar esa noche las restricciones que han afectado a la industria de la música en vivo. Con las giras canceladas, juegos como Fortnite y plataformas de streaming como Twitch aprovechan la tecnología que antes usaban para el juego en línea y la ponen a disposición de la música.

El show del colombiano se ideó una semana antes en California. La sensación de concierto que experimentaron los usuarios, gracias a los aplausos que se escuchaban de fondo, estaba minuciosamente fabricada.

Balvin grabó su actuación en un estudio rodeado de paneles LED y cromas (fondos de un color para proyectar imágenes), con una compañía de bailarines y un equipo de técnicos expertos en XR (realidad extendida). Este formato permite mezclar el mundo real con el virtual, la fórmula con la que Fortnite ha conquistado a 350 millones de usuarios.

El resultado fue algo más de media hora de concierto en el que el artista, disfrazado de Frankenstein, interpretó sus grandes éxitos. A su alrededor aparecieron bailarines y un despliegue de efectos (zombis, telas de araña y tumbas) producidos por la magia de la técnica.

Fortnite ideó un mundo concreto para desarrollar conciertos. Los jugadores pueden elegir movimientos de baile, saltar al ritmo de la música e interactuar entre ellos.

En los eventos culturales más efectistas, como el concierto de Travis Scott en abril, los usuarios podían seguir al artista por distintos universos que el videojuego había desarrollado. El rapero reunió a casi 28 millones de jugadores en lo que se ha convertido ya en un evento cultural. Antes lo habían hecho el DJ Marshmello, el productor Diplo y la banda coreana BTS.

En junio, el videojuego Minecraft ideó el festival Electric Blackaloo. Tres días de música electrónica en un universo en el que los usuarios se movían entre las zonas de escenarios de un festival y las barras de consumo de bebidas y comidas.

Twitch ha organizado eventos musicales como Outside Lands y Rolling Loud. No se trata sólo de recrear la experiencia de un concierto en vivo, sino también apostar por la interacción. Para conseguirlo, la plataforma desarrolló a principios de año Creator Camp.

«Es un programa que guía a los nuevos músicos en Twitch en el proceso de retransmitir y les aconseja qué tipo de equipo, desde micrófonos y soportes de computadora hasta cámaras e iluminación, necesitan para relacionarse con su audiencia», explica Tracy Chan, director de música en la plataforma.

¿Quién paga?

Las entradas para el festival de Minecraft costaban entre 7 y 30 dólares. Los artistas recibieron un 60 por ciento de los ingresos obtenidos por la venta de los boletos.

La compañía de videojuegos se quedó con el 40 por ciento restante. Fortnite, un juego gratuito que consigue cuantiosos ingresos a través de pequeños pagos, asume el costo de la licencia de las canciones que se reproducen en sus conciertos, además de dar un porcentaje a los artistas por cada actuación.

Las plataformas de videojuegos no sólo se han convertido en un nuevo escenario para la música pop; son también una vía para llegar a un público más joven. Fortnite es para mayores de 12 años. La realidad es que 6 de cada 10 jugadores no llegan a esa cifra, según un estudio de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) y la Universidad de Lleida (UDL).

Un público que habitualmente no llena salas de conciertos, pero que dedica varias horas a los videojuegos y a invertir en ellos.

Twitch permite a los artistas elegir entre distintas herramientas de monetización, explica Chan, como agregar anuncios y enlaces de donación. Con estos ingresos, la industria musical pretende encontrar algo de oxígeno.

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