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Rosa, una de las muchos testigos que presenciaron la masacre de Walmart, perpetrada en agosto 3 de 2019,  y  quien fuera deportada a México  en días pasados  por elementos de la agencia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE),luego de una infracción vial, pidió clemencia a las autoridades para que la dejen regresar a Estados Unidos.

«Quisiera que ellos (ICE)  pudieran tener un poquito de compasión y dejarme regresar… quiero que tengan compasión de mí», dijo con voz entrecortada, y con la esperanza de que el fallo de su caso, llevado por abogados de Servicios Diocesanos para Migrantes y Refugiados  (DMRS), le permita retornar.

Rosa, quien fue traída por su padre a este país los 13 años,  en busca de protección y mejoramiento de su calidad de vida, consideró que la actuación de las autoridades  fue injusta. «No entiendo porque actúan de esa manera contra personas que solo quieren salir adelante y ayudar a los demás». 

Defensores de los derechos de los migrantes y líderes gubernamentales reprobaron la actuación de la agencia federal, luego de la deportación de esta mujer clave como testigo de la masacre del Walmart, que dejó como saldo 23 muertos y 23 heridos.

Rosa  es una de las docenas de sobrevivientes del tiroteo del 3 de agosto que están en proceso de solicitar una visa U, una forma de alivio migratorio para las víctimas de ciertos crímenes. También es una superviviente de uno de los sucesos más horribles que han tenido lugar en El Paso.

Ella se presentó tanto ante  la policía de El Paso como a los funcionarios del FBI para dar una declaración de lo que vio en ese fatídico día manifestaron abogadosde DMRS. 

De acuerdo a las autoridades la información que aportó fue suficiente para que la oficina del Fiscal del Distrito emitiera una certificación de que ella ha sido útil en la investigación, sin embargo  a pesar de haber contado esto afuncionarios del ICE  tomaron la decisión de deportarla basándose en una orden de deportación de hace años.

«El oficial que me detuvo se portó amable pero su superior le ordenó que no tenía derecho a pagar la infracción y que debía ser encarcelada para que fuera entregada a las autoridades migratorias», comentó.

Expresó que alguna vez pensó que era mejor estar en las sombras y dejar que pasara todo, al referirse a la participación activa que tuvo con las agencias policiacas en su testimonio de la actuación del criminal que protagonizó el tiroteo en el supermercado.

Recordó que ese día acudió junto con su hermana y sobrinos a esa tienda para comprar una bolsa de camarones pero justo a su arribo vio de frente al agresor que seleccionaba a sus víctimas mexicanas para asesinarlas.

Rememoró que fue tal el susto que su hermana quedó en ‘shock’ pero al reaccionar se retiraron del lugar y al llegar a casa y ver las noticias decidieron temerosas atender el llamado de la policía para que aportaran evidencias.

«No queríamos  hablar y pensábamos  quedarse en la sombra para estar bien…pero cuando vimos la necesidad nos llevó a hablar a pesar del riesgo que corríamos», comentó Rosa, quien ahora vive en algún lugar de su ciudad natal, Juárez, con su madre.

A dos días de haber sido deportada, dijo que aún retumban en su mente las palabras del agente Talamantes, quien cortante no le dio oportunidad a comunicarse con sus abogados. «Es una decisión definitiva», le dijo el oficial para luego trasladarla a uno de los puentes internacionales para su destierro del país.

«Esta decisión equivale a una re victimización de esta joven, que sólo se presentó para ayudar a construir el caso contra el tirador en el ataque racista», dijo Anna Hey, directora Adjunta, de los Servicios Diocesanos para Migrantes y Refugiados, y Supervisora de la Unidad de Sobrevivientes del Crimen.

La mujer, quien no tiene antecedentes más que las dos citaciones por delitos menores

de tráfico fue fichada en la cárcel del condado de El Paso y transferida a la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el cual deportó a Rosa a Juárez la mañana del viernes 29 de enero.

A su regreso a Ciudad Juárez, el llegar a casa de su mamá le hizo recordar parte de su niñez amarga al sufrir maltrato. «Todo vuelve a mi me mente», dijo consternada y  angustiada por la falta de sus medicamentos y terapias que recibe por la depresión que la ha orilladlo a intentos de suicidio.

«Me siento mal, triste y deprimida. Hay gente mala que a pesar de mi caso me ataca al cuestionar mi situación migratoria y discute que no soy sobreviviente y solo fui espectadora del crimen»,  dijo tras denunciar los pensamientos racistas.

Externó que las vivencias de ese día «son eventos que jamás vas a sacar de tu mente durante toda tu vida. El haber visto a ese hombre disparando te genera pesadillas  y el soñar a ese hombre que dejaba pasar a los blancos y cazaba a los mexicanos», añadió al recordar cómo le disparó a la primera víctima y siguió con otros antes de ingresar.

Mientras su caso es peleado por los abogados ahora Rosa sueña en regresar para seguir sus estudios en el área de negocios,disfrutar su casa, pasear en su carro, reunirse con su hermana y seguir una vida normal.

Ella, al igual que otras personas que fueron deportadas en días pasados por elementos de ICE , pensó que con la llegada del presidente Joe Biden y la firma de su iniciativa de no deportación en sus primeros 100 días la protegía de la extradición pero no fue así…. «el que me hayan sacado así de rápido me dice  no cambia nada y que todo sigue igual», dijo desanimada.

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