MADRE AFGANA DE 25 AÑOS ARRIESGA SU VIDA PARA LIBRAR A SU PAÍS DE LAS MINAS

Cada 4 de abril se celebra en el mundo el Día Internacional para la Concienciación y Asistencia en la Acción contra las Minas, establecido en 2005 por la Asamblea General de la ONU para llamar la atención sobre la grave amenaza que representan para las poblaciones locales los restos de explosivos de guerra.

Uno de los países más afectados por este problema es Afganistán, donde 30 años de conflicto armado han dejado un peligroso legado de materiales explosivos que se sigue cobrando unas 120 vidas civiles cada mes, pese a los esfuerzos del Programa de Acción contra las Minas en Afganistán (MAPA).

«Por el bien de mis hijos»

Fezeh Rezaye, una madre afgana de 26 años, forma parte del primer equipo de desminado formado únicamente por mujeres, que en 2019 libró de minas a Bamiyán, una provincia al norte de Afganistán que durante siglos albergó dos inmensas estatuas de Buda, reconocidas como Patrimonio de la Humanidad, que los talibanes destruyeron en 2001 por considerar que eran contrarias a los principios del islam.

Rezaye decidió dejar su trabajo de profesora y dedicarse al desminado después de que una explosión matara a siete niños de una familia que vivía en su pueblo. «Pensé en mis propios hijos, que esto podría haberles pasado a ellos», señala en un comunicado publicado en el sitio web de la ONU.

 

Rezaye recuerda que sus dos hijos y otros familiares se opusieron a su decisión de convertirse en desminadora por que consideraban que la profesión era demasiado peligrosa y arriesgada. Pero les decía que, por el bien de mi futuro y el de mis hijos, quería que Bamiyán estuviera libre de minas, para que todos pudieran estudiar y disfrutar de la vida», recuerda la mujer.

La joven afgana también hace frente a la desaprobación social en algunos distritos de la provincia, cuyas restricciones culturales consideran que es impropio para una mujer trabajar por dinero. En general, la sociedad de Bamiyán es más abierta que otras partes de Afganistán, recuerda Rezaye. «Esta es una provincia pobre, con alto desempleo, y el desminado es una de las pocas oportunidades para que las mujeres ganen dinero», asegura.

«Podemos trabajar tan duro como los hombres»

En 2019, las mujeres que integran el primer equipo de desminado femenino en Afganistán fueron nominadas por la Asociación de Control de Armas para el Premio a la Mejor Persona del año, por sus «tenaces esfuerzos», que son un ejemplo de «empoderamiento» de la mujer en el país. «Demostramos que las mujeres pueden trabajar tan duro como los hombres, que somos iguales a ellos», recalca Rezaye.

De momento, el equipo de Rezaye sigue trabajando en Bamiyán donde aseguran que aún hay artefactos explosivos en algunos campos de tiro. Sin embargo, a la mujer le preocupa que, una vez que la región esté completamente limpia, ya no tendrá nada que hacer, pues muchas de las otras provincias afganas todavía están dominadas por los talibanes.

Además de su trabajo principal, Rezaye también tiene como objetivo aprender inglés y obtener una maestría en el campo de la arqueología o la sociología. La mujer espera que algún día las autoridades locales asignen puestos para mujeres desminadoras en la oficina a cargo de la acción contra las minas, lo que mejoraría su seguridad laboral.

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