INTERROGATORIO DEL FISCAL A UNA VÍCTIMA DE UNA VIOLACIÓN MÚLTIPLE REABRE EL DEBATE EN ESPAÑA: «ALGO ASÍ NO SE DEBERÍA PRODUCIR NUNCA»

Esta semana se ha celebrado el juicio por la violación múltiple que denunció una joven de 18 años en 2019 en Sabadell, una ciudad catalana. El interrogatorio al que fue sometida por el fiscal ha vuelto a levantar críticas sobre la revictimización en el sistema judicial de España.

De la víctima se conoce casi todo: su nombre, su voz, su orientación sexual y su edad, entre otros detalles. Un video de algo más de cuatro minutos de duración en el que la joven narra, al borde del llanto, los detalles más crueles de su traumática experiencia, mientras todas las partes se dirigen a ella por su nombre y apellidos, ha sido difundido por todos los medios y en las redes sociales.

En el punto de mira se ha situado la figura del fiscal, quien le ha dirigido preguntas como: ¿está segura de esto?, ¿intentó escapar?, ¿recuerda si eyaculó o no? o ¿usted qué hacía?, entre muchas otras.

La escena resultaba dantesca: una joven contando cómo un hombre la había llevado a la fuerza desde la calle a una nave abandonada, cómo allí, por turnos, tres individuos la habían violado y obligado a otras prácticas sexuales y cómo otros tres varones miraban sin que ninguno de ellos hiciera nada por ayudarla, mientras ella temblaba, lloraba y suplicaba que la dejaran marchar bajo promesa de no contar nada, aterrorizada.

A pesar de su crudeza, el fiscal ha calificado el testimonio de la denunciante de totalmente firme y creíble y ha solicitado penas de entre 37 y 41 años para los cuatro acusados

El testimonio fue prestado en una sala del tribunal, rodeada de hombres: el juez, el fiscal, abogados de la defensa y acusación, varios acusados y múltiples medios acreditados para poder escuchar en primera persona todo lo que la víctima pudiera contar. Y además, todo ello grabado, con su propia voz sin distorsionar, para poder ser difundido y consumido por una audiencia voraz de morbo.

Las preguntas

Parte de las críticas se han centrado en la pertinencia de las preguntas realizadas por el fiscal. A pesar de su crudeza, finalmente el funcionario en su informe ha calificado el testimonio de la denunciante de totalmente firme y creíble y ha solicitado penas de entre 37 y 41 años para los cuatro acusados.

Se argumenta que algunas de las interrogantes planteadas son relevantes para determinar la calificación penal de los delitos, como, por ejemplo, si medió violencia o intimidación. Sin embargo, se denuncia que algunas otras preguntas no debían haber sido planteadas, como si los acusados eyacularon o no, pues no tiene ninguna relevancia penal y solo ahondan en el relato de una víctima que está reviviendo por enésima vez una experiencia traumática.

La propia fiscal de Sala de Violencia hacia la Mujer de la Fiscalía General del Estado, Pilar Nájera, también fue crítica con esta actuación: «Algo así no se debería producir nunca. Probablemente, ante las elevadas penas que se solicitan, el fiscal buscaba afianzar el relato de los hechos, pero lo hizo sin ningún tipo de sensibilidad y empatía«, afirmó.

El sistema judicial y la revictimización

Las críticas al tratamiento que reciben las víctimas de violencia sexual y violencia de género en el sistema judicial español se vienen produciendo desde hace años. En 2018 tuvieron su punto álgido durante el proceso judicial a los cinco miembros de ‘La Manada’ que fueron condenados por violar a una joven de 18 años durante unas fiestas de los Sanfermines en Navarra.

Desde entonces se cuestiona la revictimización que supone para las supervivientes un proceso en el que han de narrar lo ocurrido infinidad de veces, donde su anonimato y su acompañamiento psicológico no está garantizado y donde el cuestionamiento de su comportamiento es una constante.

Ese ‘perfil de víctima’ incluye el de la resistencia heroica, obviando el miedo que una víctima de agresión sexual siente de, incluso, poder perder la vida.

En concreto, se ha denunciado incansablemente cómo se tienen que enfrentar a un perfil de víctima y se las cuestiona si no cumplen con ese estereotipo, es decir, si no están suficientemente tristes o si intentan rehacer su vida, o, por el contrario, si están demasiado abatidas. Ese perfil también incluye el de la resistencia heroica, obviando el miedo que una víctima de agresión sexual siente de, incluso, poder perder la vida.

Asimismo se pone en tela de juicio sus conductas anteriores y futuras, como su vida sentimental, orientación sexual, vestimenta o cualesquiera otras características que nunca se tienen en cuenta en el caso de víctimas de otro tipo de delitos.

Claves del caso

Los hechos que se han juzgado esta semana sucedieron en la madrugada del domingo 3 de febrero de 2019. Según el testimonio de la denunciante, tras una noche de ocio, fue abordada en la calle por un hombre que la sorprendió por la espalda, la sujetó del cuello y la arrastró hasta el interior de una nave abandonada después de hacerle tocamientos.

Una vez allí el hombre avisó a otros individuos de que la iba a violar, mientras la joven, de solo 18 años, había quedado paralizada por el miedo, acurrucada en el suelo. Tanto el primer hombre, como otros dos varones, la violaron por turnos, mientras que otros individuos estaban presentes.

Ahora se juzga a cuatro hombres, pero tan solo uno de ellos es uno de los presuntos violadores. El segundo no ha podido ser identificado hasta la fecha, mientras que el tercero se encuentra fugado después de que el juez lo dejara en libertad condicional antes de recibir los resultados de las pruebas que encontraron su perfil genético en los rastros biológicos analizados por los peritos.

Tras la agresión seis personas fueron detenidas al día siguiente y otras tres en las semanas posteriores, aunque finalmente solo cuatro de ellas, de entre 25 y 30 años, están siendo juzgadas: uno de ellos, que ha reconocido las relaciones sexuales pero ha alegado que fueron consentidas, como autor material del crimen; y los otros tres como cooperadores necesarios.

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