TRUMP MANTIENE UNA GRAN INFLUENCIA ENTRE LOS REPUBLICANOS

Con su cuenta cancelada en Facebook, abandonado en Mar-a-Lago y recibiendo mofas por su nuevo sitio en la web, Donald J. Trump siguió mayormente fuera de la vista del público en esta semana. Aunque la capitulación del Partido Republicano respecto al expresidente quedó más clara que nunca, al igual que el daño que le ha provocado a la política estadounidense con su mentira de que le robaron la elección.

En Washington, los republicanos trataron de despojar a la representante Liz Cheney de su puesto de liderazgo en la Cámara, un castigo por haber denunciado las falsas afirmaciones de Trump de que hubo fraude electoral como una amenaza a la democracia.

 

Legisladores de Florida y Texas presentaron nuevas medidas que podrían frenar la votación, haciendo eco de una narrativa ficticia de Trump y sus aliados de que el sistema electoral estuvo amañado en su contra. En Arizona, el Partido Republicano estatal empezó una bizarra revisión de los resultados de la elección de noviembre que involucraron la búsqueda de rastros de bambú en las boletas del año pasado.

La lealtad al expresidente persiste a pesar de haber incitado a sus simpatizantes antes del motín del 6 de enero en el Capitolio. Mientras los republicanos se han envuelto en la fantasía de una elección robada, los demócratas están dedicados a gobernar una nación que sigue teniendo problemas para emerger de una letal pandemia.

Estrategas de ambos partidos aseguran que esa dinámica discordante — dos partidos que operan en dos realidades diferentes — es probable que defina la política del país en los próximos años.

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