NADA QUE CELEBRAR,,PANDEMIA EMPAÑA FESTEJO

La historia de una madre en Monterrey que pierde a cuatro de sus hijos a causa de la pandemia de coronavirus, otra que busca a su hija desde hace un año y cuyo mejor regalo del Día de la Madre sería saber de su paradero, una más que combina la abogacía con el cuidado de sus pequeños y otra que está detrás del cuidado de las vacunas, es parte del panorama que vive México por la crisis sanitaria. Excélsior recogió sus testimonios

LA FUERZA DE LAS JORNALERAS AGRÍCOLAS

Estas mujeres se enfrentan no sólo a la doble carga de trabajo, sino también a los bajos salarios

Son las 5 de la mañana y Ceferina Apreza, de 30 años, jornalera agrícola migrante, comienza su día en el municipio de Autlán, Jalisco. Ella, junto con su familia y otras más, vive en un albergue al que han accedido por trabajar en los cultivos de hortalizas y caña.

Para Ceferina las labores comienzan despertando a sus cuatro hijos, los alista para ir a la escuela, al tiempo que prepara el desayuno.

También cocina la comida que llevará al campo. Como cada día, además de sus tareas de cuidados se alista para el trabajo, busca su sombrero para cubrirse del sol, lleva un pañuelo para limpiarse el sudor y que le sirve como cubrebocas para protegerse del polvo.

Ella junto, con otras casi 30 mil mujeres en Jalisco se dedican al trabajo agrícola y empacando frutas y hortalizas para que lleguen hasta las mesas de miles de familias del país y del extranjero, documenta la FAO.

En México, de cada 10 jornaleras agrícolas sólo tres reciben una remuneración económica por su trabajo, este sueldo llega a ser hasta una tercera parte menor que el de los hombres jornaleros, aun cuando trabajen el mismo número de horas.

Generalmente, las jornaleras migran de sus lugares de origen, principalmente del sur del país, en busca de oportunidades laborales; sin embargo, al arribar a las zonas de cultivos la falta de formalidad laboral les impide que puedan tener una vida decente y de calidad con servicios básicos necesarios.

Para ellas, acceder a contratos laborales, salarios justos, servicios de salud, guarderías para sus hijos, pensiones, licencias de maternidad, vacaciones pagadas, aguinaldo, entre otras prestaciones de ley, son aún derechos que no logran ejercer, ¡las brechas de desigualdad son grandes!

Solo una vez he tenido un contrato formal, al momento de firmarlo decía que era por seis meses, pero a las tres semanas de iniciar el trabajo fui despedida sin razón alguna”, detalló Ceferina.

Tan sólo 3% de la población jornalera agrícola en México cuenta con un contrato escrito y 91% no cuenta con ninguna prestación proveniente de su trabajo.

Las jornaleras, además de trabajar en el campo, como muchas otras mujeres en otros sectores, son encargadas de los cuidados de la familia y el hogar, realizando dobles y triples jornadas de trabajo no remunerado. Los descansos no dependen de ellas, están en función del cultivo en el que estén trabajando, por ejemplo, en el periodo de caña se trabaja hasta los domingos. Ellas no tienen descanso.

Para una familia en donde el trabajo agrícola es su fuente de ingresos, tener alimentos debería ser algo accesible, pero para Ceferina y su familia lo único que tienen garantizado son los sobrantes de la cosecha, los demás alimentos deben comprarse, pero con los bajos sueldos percibidos no alcanza, la nutrición de ella y de su familia se ve afectada. 

En este contexto, el sistema de Naciones Unidas promueve la protección social a través del programa conjunto Cerrando brechas: Protección social para las mujeres en México, el cual es financiado mediante el Fondo Conjunto de las Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible; e implementado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ONU Mujeres y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La estrategia de protección social ampliada que se impulsa permitirá que las jornaleras agrícolas conozcan, exijan y ejerzan sus derechos laborales, de salud y educación; y que las empresas y el gobierno garanticen el ejercicio de estos a través de políticas públicas y programas con pertinencia cultural y enfoque de género.

ABOGADA CAMBIA EL TRAJE SASTRE POR EL DE MADRE Y AMA DE CASA

XALAPA, Ver.

Me tuve que quitar el traje de abogada y ponerme el de mamá y ama de casa”, suspira Susana Fuertes, al recordar los meses de pandemia en los que, a pesar de quedarse a vigilar las tareas y estar presente en las clases de sus hijos, fue prácticamente multitask, pues si bien se quedó en casa no dejó de apoyar en los escritos legales de los casos que entre ella y su esposo manejan.

Madre de María José y Efraín, de 10 y 6 años, respectivamente, Susana se dedicó a estar presente en las clases virtuales de sus hijos, a realizar las labores del hogar, porque no cuenta con apoyo doméstico, y a realizar los pagos y actividades que requerían salidas breves. “Nuestra salida de recreación es ir a la plaza y sólo por unos instantes, en el café”, recordó. 

En los primeros meses tenían la esperanza que fuera algo pasajero, pero se vio obligada a continuar con su trabajo porque los ingresos disminuyeron, pues debido a la pandemia los juzgados cerraron, disminuyó el personal en las fiscalías y la crisis económica también golpeó a los clientes.

Si no ven avances en sus asuntos, no te pagan”, refirió, por lo tanto, se esforzó más para sacar adelante sus actividades laborales y de madre. Orgullosa, presume que su hija lleva un promedio de 10 y el menor ya aprendió a leer y escribir, y aún no ingresa a la primaria. 

—Entonces, ¿ustedes son un equipo? 

Sí, porque donde quiera que vaya, van mis hijos. No tengo quién me los cuide y por eso si tengo que ir a una audiencia o esperar a un detenido, ellos van conmigo y combinamos el cuidado con mi esposo. 

Recordó que les costó adaptarse a las clases virtuales, pero asegura que ha valido la pena.  

FESTIVIDAD SE FUE JUNTO CON SU HIJA

Hace un año, la hija de Hortencia desapareció, por lo que el Día de la Madre se volvió una fecha dolorosa

ECATEPEC, Méx.

La desaparición de Mariana Lesli, ocurrida hace más de un año, se llevó las ganas de Hortencia de festejar el Día de Madre, el cual, narra, es el más doloroso de su vida. Su nieta, de cuatro años, pregunta cuándo volverá su mamá.

Aunque tiene otros hijos, Hortencia explica la zozobra que le produce imaginar la situación por la que puede estar pasando su hija, quien salió de su casa a un balneario en Hidalgo, junto con dos jóvenes más en enero de 2020, y ya no regresó. Hasta la fiscal encargada del caso se ha declarado incompetente.

Hortencia Pacheco recuerda que hasta hace dos años festejaba junto con Lesli el Día de las Madres. Con voz entrecortada, explica que sale a buscarla, junto con otras madres, quienes también sufren al no saber dónde están sus hijas, si están muertas o son explotadas.

El día que Lesli desapareció se quedó de ver con dos chicas más que vivían en Coacalco y la última vez que la vieron fue en el taller de una ruta de transporte público en Ecatepec, y aunque han dado todos esos indicios, las autoridades no han podido dar con su paradero.

Hortencia cuenta que, pese a que tiene el apoyo de sus otros hijos, no hay día que no esté triste, pues le falta un pedacito de sí misma, aunque asegura que “su instinto maternal” le dice que Lesli está viva.

Para ella no existe la Navidad ni el Día de la Madre u otra festividad, pues tiene más de un año buscando a su hija en basureros, barrancas y cerros y “al no encontrarla ahí es una esperanza de encontrarla viva”. Si sucediera lo contrario, su familia tendría la certeza de saber dónde está y así poder descansar.

Sin embrago, la pandemia también ha incidido en que la búsqueda se retrasara, pero ni ello la ha detenido para recorrer todos los lugares donde podría estar.

Hoy, su desesperación aumentó, pues la autoridad ministerial, que lleva el caso de su hija, y el de Megan y María del Pilar, con quienes salió Lesli, se ha declarado incompetente. 

Empero, el cansancio no la detiene, pues es más grande el anhelo de encontrarla o tener un indicio de dónde se encuentra.

El mejor regalo del Día de la Madre es saber dónde está Lesli.

Si me lees o me escuchas, no te rindas, te voy a encontrar, no dejaré de buscarte hasta encontrarte”, le expresó Hortencia a su hija.

EL CORONAVIRUS LE ARREBATÓ A 4 DE SUS HIJOS

MONTERREY.

Doña Carmen, de 86 años, festejará encerrada el Día de la Madre. Vive cada día como una pesadilla luego de que la pandemia de coronavirus le arrebatara a cuatro de sus ocho hijos.

Aunado a ello, la adulto mayor enfrenta la enfermedad de su esposo, quien yace en una cama debido a su avanzada edad y las enfermedades. A diario, ambos se lamentan que covid-19 prácticamente le deshizo la vida.

En Nuevo León, el primer caso de covid se presentó el 11 de marzo de 2020. Doña Carmen recuerda que en los primeros dos meses de la pandemia se contagió su hijo Toño, el más joven de sus hijos, tenía 42 años.

Él se contagió en el trabajo, como nosotros no creíamos en covid, entonces se lo achacamos al problema de cirrosis que tenía”, recordó.

En ese momento, Carmen, su esposo Edmundo y su familia pensaban que covid era “un invento del gobierno”.

Sin embargo, al poco tiempo, Gustavo, de 50 años, su segundo hijo, falleció de coronavirus.

En el caso de Gustavo pensamos que su estado de salud se debía a complicaciones de la diabetes. En verdad que nosotros pensábamos que era así, aunque veíamos que hablaban del virus ese”, relató.

Mencionó que, en ambos casos, el diagnóstico del fallecimiento fue por el virus SARS-CoV-2; sin embargo, seguían sin creer.

Para diciembre, mientras las autoridades de Salud en la entidad insistían en evitar reuniones, su familia — hijos, yernos, nueras y nietos— se dieron cita en la casa de doña Carmen para los festejos de Navidad y Año Nuevo.

Celebraciones que no tardaron en convertirse en una tragedia, pues para mediados de enero pasado no tardó en enfermar otro de sus integrantes: María, de 56 años.

Posteriormente, presentaron síntomas otros dos de los hermanos de María y su esposo, el siguiente fallecimiento fue precisamente el de él.

En el caso de mi hija, enfermó ella, que logró vivir; su esposo, murió y también se contagiaron sus hijos”, contó.

Mencionó que a raíz de esto María está recibiendo ayuda sicológica porque no puede sobreponerse.

Los siguientes dos golpes fueron la muerte de Tomás, de 54 años, y de David de 64.

Ahora, Doña Carmen y su esposo están encerrados, “a piedra y lodo” ya no reciben visitas. Tarde, pero la conciencia llegó a sus vidas.

MADRES EN EL OTRO FRENTE DE LA BATALLA

La aplicación de la vacuna contra covid-19 representa la esperanza de vida que hemos esperado. Somos mujeres y madres y, pese al peligro, nos encontramos en el otro frente de batalla contra este virus que ha arrebatado la vida de más de 218 mil mexicanos”, dijo Amparo Villa Gutiérrez, encargada de la Red de Frío y jefa de enfermeras en la Jurisdicción Sanitaria Venustiano Carranza, de los Servicios de Salud pública de la CDMX.

Amparo Villa dijo que tiene en sus manos una responsabilidad “titánica” y en el primer proceso de vacunación, recibió un cargamento de 141 mil 131 vacunas de los laboratorios AstraZenca, Pfizer y Sinovac, que fueron trasladadas de inmediato a la Red de Frío, un sistema logístico para conservar y transportar los biológicos.

Como jefa de enfermeras tengo a mi cargo a 214 elementos, la mayoría son madres, quienes, a pesar del peligro, laboramos en los kioscos covid y tenemos a cargo de la planeación, programación y evolución de la aplicación de las vacunas”.

Expuso que este trabajo exige “el 1000% de nuestra capacidad”; sin embargo, dijo sentirse satisfecha y orgullosa de saber que el esfuerzo de todo el personal médico de dicha jurisdicción sanitaria “tendrá éxito en esta lucha contra covid-19. Una persona vacunada es una persona menos que le arrebatamos a este virus”.

Dijo que, a pesar de haber recibido la vacuna, el miedo del contagio sigue, pues nadie está exento de enfermar.

El covid-19 representa un reto de miedo y de angustia, pues nos ha cambiado la manera de vivir, nos hemos tenido que adaptar a una nueva modalidad y para quienes estamos de este lado de la batalla, representa un riesgo aún mayor, cansancio, ausentismo en casa, pues sacrificamos el tiempo con nuestra familia, pero me considero afortunada porque cuento con todo el apoyo de mi hija, y eso me levanta el ánimo cada día para seguir luchando por ella y los demás.

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